El céntimo sanitario: Un pequeño gran “timo”

He dejado pasar algunos días hasta que la noticia ha dejado de ser noticia para escribir esta reflexión. El motivo: pulsar la opinión pública y ver cómo respondía ante el “timo” del céntimo sanitario. El céntimo sanitario fue un nuevo impuesto instaurado por el gobierno de Aznar a comienzos del año 2002, el motivo: La financiación de la sanidad pública. El problema es que ese céntimo no iba a financiar la sanidad sino que era un impuesto más destino a engordar los ingresos de las administraciones locales. El dinero recaudado va a una caja común y después se va gastando según las necesidades o según el  presupuesto. Consecuencia, en realidad la cantidad recaudada no iba destinada a financiar la sanidad sino el déficit de las administraciones locales lo que parece lo mismo pero en realidad no lo es.

centimosanitario

Algunos transportistas agobiados por los impuestos que soporta el sector presentaron un recurso frente al impuesto y lo ganaron. No lo ganaron en España, claro, sino en los tribunales europeos.  Como resulta evidente la  justicia se toma su tiempo, hay una serie de plazos que cumplir, una serie de instancias que apelar antes de llegar al último escalón y durante todo ese tiempo el contador seguía marcando céntimos hasta acumular la cantidad de 13.000 millones de euros. Esa es la cantidad céntimo arriba, céntimo abajo que el Estado español ha cobrado indebidamente a los contribuyentes. La situación actual hace que cada ciudadano haya sido “timado” o para decirlo de manera más elegante ha pagado de manera indebida unos 45 euros al año. El problema es que la mayoría de ellos no tienen ningún justificante que lo acredite con lo que el cobro indebido  se consolida, de ahí lo de “timo”.  Y el ministro del ramo alardea públicamente de ello de manera que el  Estado “solo” tendrá que devolver 4.000 millones de euros.

Los ciudadanos estamos acostumbrados a que cuando los políticos cometen una equivocación en el desempeño de su ejercicio nadie responde, nadie da explicaciones, nadie tiene nunca la culpa de nada. El asunto es tremendamente espinoso y desigual porque si usted hubiera defraudado 13.000 millones al Estado español ¿Dónde estaría ahora? La respuesta es inmediata o en prisión o en islas caimán. Así pues resulta que este país los políticos son irresponsables. Pero lo peor de todo y a la vista de la débil respuesta de la opinión pública y de los medios de comunicación es obvio que los españoles somos muy compresivos con nuestra clase política y con su comportamiento. Lo que sin duda hace que se cierre el círculo de impunidad que permite a los políticos que metan la mano en su bolsillo y en el mío sin que nunca les ocurra nada.

Y esto nos lleva a otra reflexión tal vez esa manga ancha, esa respuesta casi automática de “todos son iguales” no es en el fondo el reflejo de una sociedad corrupta y tolerante en exceso con la corrupción.  Porque esta especie de moral blanda, esta “compresión” hacia nuestra clase gobernante es letal  y en realidad es el reflejo de nuestra tolerancia como sociedad hacia la corrupción. Toleramos que un médico, una enfermera se lleve guantes o material del hospital a su casa para su uso personal, toleramos que los empresarios “inviten” y gasten dinero con determinadas autoridades para obtener favores, somos compresivos con los sindicatos cuando distraen dinero del contribuyente en comidas o “saraos”. En el fondo es nuestro dintel de tolerancia frente a la corrupción lo que nos hace débiles como sociedad y lo que hace que seamos poco exigentes con nuestros políticos.

Los políticos no son extraterrestre que han aterrizado aquí para dirigirnos forman parte de nuestra sociedad y sus defectos son nuestros defectos.  Esta es la gran lección que tenemos que aprender y que la sociedades avanzadas han puesto en marcha: para cambiar el mundo tienes que cambiar “tu mundo” Una cadena es sólida si todos los eslabones son fuertes si solo uno de ellos es débil la cadena se rompe.