Síntomas, signos, datos y la Escala de Bristol: ¿Se pueden clasificar las heces?

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El trabajo de un médico sobre todo de un clínico, es decir aquellos que estamos en contacto con pacientes, se parece en ocasiones al de un detective. Este aspecto de la profesión es el que siempre me ha fascinado. Llegar al diagnóstico, es decir llegar a saber qué es lo que le pasa a nuestro enfermo es en muchas ocasiones fácil, tan fácil que el propio paciente nos lo dice, otras ya resulta más complicado y a veces tan complicado que tenemos que pedir la opinión de otros médicos, solicitar pruebas analíticas. Esto resume de alguna manera el título de esta entrada: síntomas es lo que nos cuenta el paciente, signos es lo que nosotros como médicos podemos revelar con nuestra técnica, con nuestro “arte”, datos son hechos. Estos datos podemos obtenerlos de un simple termómetro, de un aparato de tensión, de tomar el pulso, de una báscula. Muchas veces son simples, fáciles de tomar o anotar, analíticas, una simple radiografía de tórax o como hemos dicho de algo tan sencillo como tomar la muñeca de nuestro paciente y contar las pulsaciones o mirarle a los ojos y observa su conjuntiva. Yo me formé con médicos que daban mucha importancia a esta parte de la historia clínica. Médicos para los que lo que el paciente cuenta resultaba fundamental, médicos capaces de diagnosticar una neumonía o un derrame pleural simplemente percutiendo el tórax o auscultando con un rudimentario estetoscopio. Hoy las nuevas generaciones confían más en la técnica y menos en su arte.
Pero ahora vayamos a lo que es motivo de esta entrada: ¿Se pueden clasificar las heces? Todo se puede clasificar desde nuestros libros, nuestra colección de sellos o las estilográficas que poseemos. Las características organolépticas de las heces es algo muy importante. Pero vamos a explicar antes que son las características organolépticas de un cuerpo. Si nos vamos a la Wikipedia o al diccionario de la RAE nos dice que son las propiedades físicas de un cuerpo, textura, color, olor, consistencia. Esto es algo que incomoda bastante a mis pacientes cuando se les pregunta por las heces. Algunos se encogen de hombros otros me miran con cara de póker. Pero estas propiedades de las heces nos muestran mucho de lo que pasa en el aparato digestivo de nuestros pacientes.
Los doctores Lewis y Heaton de la Universidad de Bristol publicaron en el año 1997 un trabajo en el que 60 voluntarios observaron sus deposiciones siguiendo una escala de siete puntos y anotaron sus características. Después fueron sometidos a un tratamiento con laxantes y proquinéticos y volvieron a anotar el aspecto de las mismas. En el trabajo se concluía que en efecto la consistencia o la forma de las heces nos explica muchas cosas de la función intestinal y por lo tanto puede ser un dato muy útil no solo en el diagnóstico, sino lo que resulta más importante, en el tratamiento. Pero además desarrollaron la escala que lleva el nombre de la ciudad donde ellos trabajaban y que resulta extremadamente útil para que los pacientes reconozcan de manera gráfica, rápida y sin dudar cómo son sus deposiciones.
No pocas veces algunos pacientes que afirman tener diarrea resulta que en realidad son estreñidos y lo que presenta son “falsas diarreas” El médico puede dejarse engañar por las palabras del paciente y prescribir un tratamiento no solo inadecuado sino contraproducente. Alguna veces las palabras no significan lo que pensamos que la otra persona expresa. En ocasiones resulta fácil percatarse del error pero otras ya es más complicado. Por eso en mi consulta no dudo en mostrar la escala de Bristol que suele poner las cosas en su sitio.
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